El Joven Rico

"Y el resplandor fue como la luz; Rayos brillantes salían de su mano, Y allí estaba escondido su poder." Habacuc 3:4

Estaba en la cúspide de mi carrera o muy cercano a ello. Estaba en mis veintes y había conseguido un trabajo en una compañía multinacional. De pronto mi sueldo se había duplicado. Y no solo mi sueldo, mis beneficios también; un seguro medico con una cobertura amplísima, un plan de retiro, y participación de un porciento de las ganancias de la compañía, basada en mi salario, que a su vez era revisado anualmente. Venia de una pequeña compañía y de pronto me sentía en la cima del mundo. Mi jefe inmediato me llevaba unos años de experiencia. Mi trabajo era mi pasión y me dedicaba con pasión a él. Mi juventud, capacidad para el trabajo y por lo que había aprendido en mi trabajo anterior, pronto empecé a destacarme. En ocasiones oía algunos de los gerentes (norteamericanos en su mayoría) mencionar que era más inteligente que mi jefe, cosa que en mayor o menor grado me creía.

El futuro no podía parecer mejor para mí. Empecé a ser enviado a seminarios de capacitación en las diferentes oficinas de la compañía en EU.; New York, Philadelphia, Houston, Carolina del Sur y California. Proyectos locales y de los EU me eran asignados. ¿Quién podía pedir más? Estaba acostumbrado a trabajar desde adolescente, y a trabajar mientras hacia mi carrera. Largas jornadas de trabajo no me eran ajenas, pero pensaba que todo había valido la pena; Ahora podía empezar a darme todo los lujos que me había privado. Calculaba que en poco tiempo tendría un apartamento de soltero en la playa, allí daría rienda suelta a todos mis deseos y pasiones. Dios era para mí un ente impersonal y lejano, con quien me encontraría cuando muriese. Después de todo con tanto dinero, no necesitaba nada de Él. De pronto mi situación cambio. Un día desperté con algo desagradable en mi vista. Veía unas manchas en mi ojo derecho como si tuviera "hojuelas" dentro del mismo que interferían la visión, haciendo el leer conducir y hasta caminar dificultoso. El primer oftalmólogo que visite me dijo que eran "flotadores" que venían de un desprendimiento de una capa que cubría la retina y que tendría que acostumbrarme a ellos. No se podía hacer nada y existía la posibilidad de que aumentaran. Obviamente, no me quede con esa opinión y empecé a visitar otros oftalmólogos y especialistas en retina, siempre con la misma respuesta. Al no encontrar salida, me empecé a deprimir mucho. Apenas podía hacer mi trabajo, y lo que tenía que leer lo hacía con gran dificultad. Lo que era peor, estos flotadores aumentaban en número, haciéndome cada vez mas incapaz de hacer las cosas cotidianas.

Mi vida cambio radicalmente. Me volví huraño y solitario. No encontraba salida. Un compañero cristiano me invitó a su iglesia. Había oído con escepticismo de sanidades en esas iglesias. No fui muy convencido, pero estaba buscando la sanidad, así que después de varias visitas, pase al frente, llorando y pidiéndole a Dios que me sanara. Pero nada paso. Empecé a orar mucho y dedicaba todo el tiempo libre a la oración, siempre pidiéndole sanidad a Dios. Pero la sanidad no llegó. Cada vez estaba más deprimido a pesar de tratar de seguir mi vida normal, la realidad es que no podía. Las salidas con mis compañeros de trabajo se acabaron. Ni siquiera veía televisión. Solo oía emisoras de radio cristiana, a pesar de ello, no tenía ganas de hacer nada y me hundía en una profunda depresión. El clímax de la crisis ocurrió cuando mi hermana me pidió que le verificara la unidad acondicionara de aire, ubicada en el techo de su casa de dos pisos, ya que no enfriaba. (En ese tiempo aun vivía en su casa) Subí al techo de su casa de dos pisos pero cuando trataba de acceder al interior de la unidad, me percate de algo terrible. Las manchas que tenía en mi ojo derecho habían aparecido en el izquierdo también, solo que más grandes y obstructivas de la visión. Me sentí desfallecer. Me sentí totalmente acabado. Ahora sí que estaba totalmente incapacitado.

Ya no podía más. Sentía una voz dentro de mí que me decía "estas acabado" y " acaba con esto, tírate de cabeza hacia el piso". Mientras seguía oyendo la voz que me decía que me tirara me iba acercando al borde del techo con la intención de hacerlo, estando ya en el borde y con la intención de llevar a cabo lo que la voz me decía, algo me detuvo. Era como si alguien con manos enormes me aguantara y me hiciera bajar de manera automática por la escalera. Después entré a la casa y mientras caminaba por la cocina, sin saber porque, me lleve las manos a los ojos cerrados y tocándome los párpados, repetí lo que había oído en la iglesia, basado en la forma que Jesús reprendía las enfermedades.: " enfermedad, como quiera que te llames, te reprendo en el nombre de Jesús" De pronto (con los ojos cerrados) y los dedos sobre los párpados, empecé a ver cientos de rayos de luces brillantes y blancas como las procedentes de cientos de "flashes" fotográficos. De pronto me asuste, pero inmediatamente me vino un sentimiento de paz y me fui a acostar quedándome profundamente dormido. Luego desperté, sin siquiera recordar lo que había ocurrido. No sé cuanto tiempo paso cuando me di cuenta que las manchas en mi ojo izquierdo habían desaparecido.

Fue ahí que me percate del milagro ocurrido. Las primeras manchas que me habían aparecido en el ojo derecho aun estaban presentes pero en menor escala, más aun, la depresión por ellas había desaparecido por completo. Ahora estaba plenamente convencido que quien me había sanado el ojo izquierdo tenía el poder de hacer lo mismo en el otro ojo en cualquier momento.

Descubrí que Dios era real. Que no es un ser ajeno a nosotros y nuestras necesidades, ni un Dios que solo veremos al morir, sino un Dios que interviene en nuestra vida, aquí y ahora cuando le buscamos en espíritu y en verdad, un Dios que conocía de oídas, pero ahora literalmente mis ojos le habían visto. .


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